October 21, 2017

En ocasiones los padres nos preguntan asombrados, si otros colegas no se dan cuenta del peligro al que exponen a sus hijos vistiéndolos de maneras tan poco armónicas con sus edades cronológicas. Ante esta genuina preocupación, siempre respondemos que el riesgo no es la prenda de vestir sino las conductas, valores y actitudes asociadas a ella. Definitivamente es un tema que nos ocupa aún cuando no sean nuestros propios hijos los involucrados.

El clóset de un varón mínimamente cambiará desde su nacimiento hasta la adultez, por lo que es esperable que los niños sientan poca curiosidad en llegar a ciertas edades para usar algunas prendas de vestir. En el caso contrario, las niñas sí ven una diferencia significativa entre las opciones para peques y las ofertas para adultas. Los tacones, el maquillaje, la ropa ceñida al cuerpo, los animal prints, la pintura de uñas y tantos otros accesorios que se han reservado para las edades más avanzadas; pueden llegar a convertirse en una verdadera tentación para las chiquitas. Claro está, todo dependerá de los referentes cercanos con los que cuente esta niña. La manera como se viste su mamá, las protagonistas del contenido audiovisual que ve, las muñecas con las que juega; serán el patrón a seguir que tendrá la pequeña. La delicada línea está en que la niña sea confundida con un modelo en miniatura de la mamá y desde temprano, sea vestida como una versión reducida de una mujer. Más adelante, esta niña solicitará estos atuendos porque así ha crecido.

Ahora, la invitación a la reflexión va más allá de la vestimenta. Nos toca crecer en una cultura que invita a la precocidad, a que los bebés duerman la noche corrida desde que nacen, que tengan horarios y rutinas tempranamente, que asistan a un centro de cuidado para que socialicen antes de si quiera poder hablar o caminar, que dejen el seno pronto, que aprendan a comer, que sean independientes, que aprendan auto control y no hagan pataletas, que sean juiciosos y se comporten… en fin, ¡Que sean adultos! Pareciera natural entonces, que vestir a los niños como gente grande es otra pieza más de este rompecabezas de disparates que nosotros mismos hemos aceptado armar generación tras generación.

La próxima vez que veas a un peque vestido de hombre o mujer, pregúntate cuál es el afán por salir de la infancia. Por qué tenemos tanta prisa porque dejen esta etapa tan importante (y corta) de la vida. Ahí yace la respuesta a la interrogante que titula este texto. Más que la ropa adelantar etapas, somos los propios adultos quienes queremos que los peques superen lo más pronto posible de la niñez.

Con información de ve.emedemujer.com

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