October 23, 2017

En el sur del estado de Quintana Roo, a las orillas de las turquesas aguas del Mar Caribe, está enclavada la población de Mahahual, protectora de la segunda barrera de arrecife más grande del mundo.

Sin embargo, la pesca excesiva de especies marinas, así como el robo de coral y la basura, provocan que uno de los mayores acuarios naturales del país esté en peligro.

En este contexto, los pobladores realizan acciones para protegerlo y para que se posicione como un destino ecoturístico.

De acuerdo con el líder de los hoteleros del lugar, Luciano Consoliun, también está en riesgo un pueblo que vive del turismo que llega al lugar en mayor medida durante solo seis meses al año.

Cercano a la frontera con Belice, así como al banco Chinchorro, atolón coralino con una extensa biodiversidad, Mahuahual se caracteriza por la fina arena blanca del caribe y sus cristalinas aguas turquesa, aunque con la particularidad de que gran cantidad de corrientes marinas convergen en la zona.

Dichas corrientes provocan que la basura arrojada al mar por países de África, Europa, América y Asia llegue de manera puntual a la orilla de la playa, lo que provoca contaminación.

Consoliun dijo a Notimex que cada día se recogen grandes cantidades de PET, metal y unicel, materiales con los que diversos artistas de todo el mundo han realizado esculturas, como una manera de generar consciencia a los visitantes respecto de la problemática de contaminar los mares.

El poblado apenas tiene dos mil habitantes; sin embargo, la terminal de cruceros, genera de diciembre a junio el arribo de turistas provenientes de muchos rincones del mundo, quienes por algunas horas se deleitan entre las tibias aguas del caribe mexicano, así como con la bella alberca natural generada por la barrera de arrecife.

En la pintoresca, pero desarrollada población, convergen los ciudadanos del mundo; así, es común encontrar por las calles a italianos, argentinos y franceses, además de mexicanos, con una predominancia de veracruzanos y chilangos, que buscaron fortuna en la región.

“Y es que cuando conoces este paraíso, no quieres irte de él, se vuelve parte de ti”, así lo cuenta uno de los empresarios argentinos que emigró junto con su esposa desde el Distrito Federal.

El destino turístico cuenta con apenas 25 hoteles, el de mayor capacidad con 50 habitaciones, cuyas edificaciones no son mayores a los tres pisos.

En su mayoría, la infraestructura hotelera del lugar cuenta con los servicios básicos, aunque también existe la posibilidad de rentar pequeñas cabañas a la orilla de la playa o bien hospedarse en zonas de acampar, todo a precios muy accesibles.

En el malecón se ubican pequeños restaurantes de los que emanan diversos aromas de comida recién preparada con pescados y mariscos frescos, además de bares, cafés, tiendas con venta de artículos de plata, conchas y piedras de la zona.

A lo anterior se suma la renta de kayaks y bicicletas, además de la disponibilidad de paseos para pescar que van desde los 200 pesos por persona, y tours de buceo y snorkeling con guías certificados y para los que gustan de los deportes extremos hay “kite surf”.

El arribo de visitantes a la comunidad destaca de diciembre a junio, con la llegada continua de turistas provenientes de los cruceros y de los vacacionistas del país que salen durante la Semana Santa.

Así, tan solo en marzo ya se confirmó el arribo de 30 navíos, con lo que los vendedores se benefician, aunque también saben que deben prever para los tiempos de las “vacas flacas” y juntar la mayor cantidad de dinero posible para sobrevivir, cuenta uno de ellos.

“Después de junio no hay nada, todos se van y apenas llega un crucero al mes”, cuentan los vendedores de frituras y collares, quienes refieren que deben sobrevivir seis meses con muy poco turismo.

La poca afluencia de visitantes es atribuida por empresarios y comerciantes a la poca conexión aérea y de transporte terrestre que existe, ya que sólo una aerolínea opera en el aeropuerto de Chetumal (a 145 kilómetros de la localidad).

En tanto, un viaje desde la terminal aérea de Cancún (a 354 kilómetros) implica un traslado de aproximadamente cuatro horas, recorrido que muy pocos turistas extranjeros quieren realizar luego de tener vuelos mayores a seis horas.

Sin embargo, los habitantes de Mahahual han decidido “no bajar los brazos” y buscan posicionarse entre unos de los destinos ecoturísticos más importantes en el país y ser parte de una nueva opción en turismo de aventura, deportiva y cultural en el país.

Para ayudar y apoyar al logro de dicho objetivo, el sector privado de la comunidad, en conjunto con los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) realizan desde hace tres años el festival Cruzando Fronteras.

El evento, que se celebra en los meses de febrero y marzo, además de impulsar la llegada de viajeros a la zona desde diversas partes del mundo, pretende concientizar a las personas sobre la importancia del cuidado de la barrera de coral y los efectos devastadores de la contaminación en mares.

Para la edición de este año, los organizadores estiman la llegada de alrededor de 40 mil visitantes, quienes dejarán importantes derramas económicas, señaló Luciano Consoliun.

Con información de noticiasmvs.com

Comments are closed.